sábado, 17 de octubre de 2020

El camino hacia una Europa unida

 Su origen y relación con el Imperio Napoleónico

 

Tras la Revolución Francesa, en la que se luchó contra el Antiguo Régimen defendiendo las libertades y derechos individuales, tuvo lugar el Golpe de Estado de Napoleón en el año 1799. Este se autoproclamó emperador en 1804. A partir de entonces comenzó el conocido Imperio Napoleónico, cuyos elementos característicos más relevantes eran, entre otros, el de lograr tanto el orden interno en Francia como la paz con el exterior; su afán por difundir las ideas de la revolución por toda Europa; la creación de un Código Civil común para los distintos sectores de la sociedad al igual que para todos los territorios bajo su dominio; o el de acaparar todo el poder en su figura tanto controlando los territorios que iba colonizando y se iban sumando a su Imperio, como estableciendo “Estados satélites” en los que gobernaban parientes suyos.

 

Como consecuencia de ello, fue inevitable el surgimiento de un sentimiento nacionalista en los países europeos, debido a la resistencia ante el dominio extranjero, aumentando de este modo el valor de las costumbres y de la cultura nativa.  Pero además, también es cierto, que a partir de entonces se había dado comienzo a la idea de una Europa unida. Si bien los territorios que la componían lo hacían mayoritariamente en contra de su voluntad, tal como el propio emperador decía: el impulso ya estaba dado y en algún momento iba a ocurrir dicha reunión de países que se habían separado por los diferentes conflictos ocurridos entre ellos.

 

El desenlace de dicho episodio histórico ocurrió con la derrota de las tropas napoleónicas en Waterloo. A raíz de entonces, en el Congreso de Viena de 1815, se restablecieron las fronteras anteriores al Imperio de Napoleón y se creó la Santa Alianza, un pacto entre las potencias europeas que buscaba mantener el orden en sus territorios y evitar nuevas revoluciones, asegurando el Antiguo Régimen.

 

A pesar de que muchos países, fruto del nacionalismo, lucharon por formar sus territorios y reivindicar sus costumbres nativas uniéndose internamente (por ejemplo: la Unificación Alemana (1864-1871) o la Italiana (1848-1870)); por otro lado, seguía resonando esa idea de crear una Europa en la que existiera un mercado común, libertades internas y una mutua cooperación en distintos ámbitos que evitara posibles conflictos. Un ejemplo de ellos es la figura de Giuseppe Mazzini, cuyas ideas quedaron plasmadas en sus escritos (1846) y con la creación de la asociación llamada la Joven Europa.

 

Estas ideas no tuvieron el éxito suficiente como para conseguir dicha unificación y, por el contrario, ocurrieron devastadores conflictos como el de la Primera (1914-1919) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) o la posterior Guerra Fría. Tras la Primera Guerra Mundial surgieron de nuevo formas de cooperación entre países como lo eran la Liga de las Naciones o Sociedad de las Naciones en 1920 (a un nivel más global); o el Movimiento Paneuropeo en 1923.

 


Tras la Segunda Guerra Mundial, se creó la Organización de Naciones Unidas (1945) que, reemplazando la Sociedad de las Naciones (fracasada por no poder evitar la guerra iniciada en 1939), pretendía garantizar la paz y seguridad internacional. Por otro lado, se fue avanzando hacia ese objetivo de reunión europea. En este ámbito cabe destacar a Robert Schuman que, en 1950, propuso la cooperación política para evitar guerras, lo que dio lugar a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) cuyo objetivo fundamental era el de tomar conjuntamente aquellas decisiones sobre el carbón y el acero, que principalmente eran destinados para la producción de armas. Esto se firmó entre Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. Unos años más tarde, en 1957, pasó a ser la Comunidad Económica Europea (CEE), la cual establecía un mercado común y una unión aduanera.

 


Finalmente, tras el Tratado de Maastricht de 1992, se creó la que hoy conocemos como la Unión Europea. A lo largo del tiempo, a este proyecto se han ido sumando diferentes países, llegando a los 27 actuales que lo forman. Pero además, se han ido estableciendo nuevos avances y aumentando esa cooperación con la que desde tantos años atrás muchos habían soñado.

 

En conclusión, es importante resaltar que la existencia de la idea de una Europa unida ya viene de muchos años atrás, incluso durante el Imperio Napoleónico podríamos encontrar indicios de la misma. Pero, para entender bien la Unión Europea actual, es conveniente comprender las grandes diferencias que existen con el proyecto que tenía dicho  emperador. Por un lado, en el imperio, la unión de los territorios estaba dirigida en torno a Francia como el país más importante, además, Napoleón acaparaba todo el poder y daba una imagen de  “ser divino o superior” que resaltaba sobre todos los países bajo su dominio. Por el contrario, la que tenemos hoy en día, se basa en la cooperación entre sus integrantes a un mismo nivel, sin que ninguno domine sobre los otros. Se podría decir que la actual Unión Europea, al haber sido formada por la voluntad propia de los países que la constituyen, claramente ha tenido más éxito que, si por el contrario, hubiese sido impuesta por la fuerza contra su voluntad, tal como ocurrió con el emperador francés, que lo que provocó fue el surgimiento del nacionalismo en muchos de los territorios que ocupó.


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