Los más pobres del mundo necesitan nuestra ayuda.
El club de la miseria necesita sin duda ayuda urgente, puesto que se encuentra en una situación crítica. Su pobreza va cada vez a más con el paso de los años, y no son capaces de dejarla atrás, ya que como Collier nos explica, están atrapados en diversas trampas que los tienen prisioneros.
No cabe duda de que el resto de países desarrollados como el G-8, tienen como deber aportar ayuda a estos que tanto lo necesitan y que ese grave problema que están viviendo, nos debe de importar a todos y debemos de ser conscientes de que solos no van a salir de ahí.
No obstante, todo lo que el autor propone y piensa que debe hacerse no siempre es viable, como ya hemos podido comprobar. Hay medidas y ayudas que sí, que deben aplicarse lo antes posible, de hecho, a día de hoy ya se han integrado a lo que llamábamos “agenda global”. Los países desarrollados, ya cuentan con una serie de propósitos y metas que quieren cumplir en los que una de las prioridades es aportar ayuda a esos países que están subdesarrollados y que tanto lo necesitan.
Asimismo, existen multitud de agencias dedicadas a este fin, por ejemplo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) es una iniciativa que se originó en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) durante los años 70, y cuyo objetivo fue crear un sistema de contribuciones de los países más ricos y desarrollados a los más pobres o en vías de desarrollo. De esta manera se pueden conseguir muchas cosas.
Pero el plan de acción al completo que Collier plantea no creo que sea algo viable, sino que es un plan algo utópico.
El club de la miseria necesita sin duda ayuda urgente, puesto que se encuentra en una situación crítica. Su pobreza va cada vez a más con el paso de los años, y no son capaces de dejarla atrás, ya que como Collier nos explica, están atrapados en diversas trampas que los tienen prisioneros.
No cabe duda de que el resto de países desarrollados como el G-8, tienen como deber aportar ayuda a estos que tanto lo necesitan y que ese grave problema que están viviendo, nos debe de importar a todos y debemos de ser conscientes de que solos no van a salir de ahí.
No obstante, todo lo que el autor propone y piensa que debe hacerse no siempre es viable, como ya hemos podido comprobar. Hay medidas y ayudas que sí, que deben aplicarse lo antes posible, de hecho, a día de hoy ya se han integrado a lo que llamábamos “agenda global”. Los países desarrollados, ya cuentan con una serie de propósitos y metas que quieren cumplir en los que una de las prioridades es aportar ayuda a esos países que están subdesarrollados y que tanto lo necesitan.
Asimismo, existen multitud de agencias dedicadas a este fin, por ejemplo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) es una iniciativa que se originó en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) durante los años 70, y cuyo objetivo fue crear un sistema de contribuciones de los países más ricos y desarrollados a los más pobres o en vías de desarrollo. De esta manera se pueden conseguir muchas cosas.
Pero el plan de acción al completo que Collier plantea no creo que sea algo viable, sino que es un plan algo utópico.

